La Elegante Danza de las Mobulas

La Elegante Danza de las Mobulas

Parámetros de la foto:

Nikon D800 con Carcasa Aquatica y cúpula de 4”

Objetivo NIKKOR 8-15mm f/3.5-4.5E ED a 15 mm

2 flashes Sea and Sea YS-D2/ Difusores dome

1/250 seg a f14; ISO 400

Lugar de realización:

Fotografía tomada en el Bajo Submarino de Ambrosio, cerca de la Isla de Santa María, Azores.

La baja de ambrosio es una montaña submarina que asciende hasta los -50 m de profundidad y que se encuentra a poca distancia de la isla de Santa Maria.

Profundidad: 15 m

Como se hizo:

Tal vez, este punto de buceo sea el mejor del mundo para ver grandes grupos de mobulas tarapacanas. Durante mi mes de trabajo fotográfico para el centro Haliotis, tuve la suerte de ir 2 veces a este magnifico lugar.

El primer día vimos unas 40 mobulas, pero no se acercaron. El segundo día sin embargo vimos unas 15 o 20 pero no pararon de danzar a nuestro alrededor, brindándonos este maravilloso espectáculo de baile sincronizado que no puede dejar a nadie indiferente.
Así fue como capte este momento en la foto, en el cual todas las mobulas parecían bailar alrededor de la protagonista central.
Paciencia y quedarse quieto tal vez sean las claves para ganarse la confianza de estos curiosos animales. Una vez la tienes, lo difícil es que no te sigan allá a donde vayas.

Especie y conservación:

El diablo de mar (Mobula tarapacana) es una de las especias más bellas que podemos encontrar en el Atlántico.

Por desgracia, debido a la demanda de sus agallas (así como las de otras especies de mantas) en la medicina tradicional China, la mayoría de las familias de móbulas han sido catalogadas como especies vulnerables o amenazadas en la Lista Roja. 

Debido a que alcanzan su madurez sexual tras varios años y a que tienen un lento crecimiento, la pesca de estos animales es una pesca insostenible que probablemente lleve a esta especie y a otras muchas especies de manta a un pronto estado de máxima alerta.
Verlas bailar debajo del agua y ver como se acercan a curiosear se convierten en una experiencia maravillosa y triste a la vez, un inocente baile cuya música esperemos que nunca pare de sonar.